A un mes del sismo, damnificados siguen en albergues

  • 18 Oct, 2017
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Eduardo de los Ríos es uno de los afectados del sismo del pasado 19 de septiembre en la Ciudad de México.

Don Eduardo vivía en los multifamiliares de Tlalpan y pudo sacar su guitarra rota y a sus 11 perros.

Encontró albergue en una escuela, pero no para todos, nada más le dejaron quedarse con Peluche y Lucas.

Al resto de los animales que recogía de la calle los tuvo que donar y se quedó con los más vulnerables.

Don Eduardo dice que ni a ellos ni a él les falta algo. Su albergue está completo, hay cocina, farmacia, baños, pero ‘la casa, es la casa’.

“Cuando tengo un problema no me quita el sueño, pero hay gente que sale sin la licencia de conducir y va muerta de pánico. Cuando tengo un problema veo cómo lo voy a solucionar, pero no estoy ni deprimido ni sufriendo”, aseguró Eduardo de los Ríos.

Los tres viven en una casa de campaña rota.

En distintas condiciones está otro grupo de vecinos del multifamiliar en lo que era la cancha de básquetbol, hoy hay casas de campaña, los niños de la señora Marcela juegan entre las goteras. Las pertenencias y los víveres se mojan por completo.

Marcela García, damnificada, dijo: “Tenemos el espacio muy pequeño realmente para seis personas, aquí dormimos los tres adultos con los tres niños, como ves ahorita el bebé está descansando”.

Su departamento quedó de pie, pero inhabitable.

“Estamos devastados, devastados, qué haces si de tener tu casa a tener tus cosas, no tienes nada yo podía cocinar, podía hacer cosas, tu vida no vuelve a ser igual”, señaló la señora Marcela.

En el campamento, cuatro topos tratan de ayudar cómo pueden y con lo que tienen están en los multifamiliares desde la hora cero. Ellos sacaron gente viva y cuerpos, aun no se han ido.

El comandante Tlacuache dice que el trabajo de los topos no nada más es sacar vidas o sacar cuerpos.

“El trabajo de los topos también viene después de los rescates, el trabajo que se hace después de la reconstrucción”, agregó el comandante Tlacuache.

Durante tres días trabajaron para hacer unos baños dignos dentro del campamento, ya que los portátiles ya se convirtieron en focos de infección.

Ante la falta de apoyo, ellos se movieron para conseguir tasas y regaderas eléctricas, para las tuberías tuvieron que aplicar el ingenio, un spray para el pelo como soplete y un trapo mojado para dar forma.

El comandante tlacuache, comentó: “Gracias a Dios salí mexicano y como todo buen mexicano nunca se queda parado”.

Tampoco decae el ánimo en el lugar.

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